Philipp Lahm, el capitán alemán que recorre su propio camino

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(Río de Janeiro, 12 de julio dpa) – Philipp Lahm tendrá mañana la oportunidad de cumplir el sueño de infancia de emular a Lothar Matthäus levantando la Copa del Mundo, lo que coronaría además una forma distinta de entener el juego y el liderazgo en el fútbol alemán.

Pocos componentes de la actual selección dirigida por Joachim Löw guardan recuerdos del grito de Matthäus al alzar el trofeo en la noche de Roma en Italia 1990, después de batir 1-0 al mismo equipo que les espera mañana en el Maracaná de Río de Janeiro, Argentina.

Lahm, un loco del fútbol ya a los seis años, tiene el momento muy presente. “Lo vi un centenar de veces repetido”, reveló en una ocasión el lateral. “Es algo realmente especial”.

Además de Matthäus, sólo Franz Beckenbauer en 1974 y Fritz Walter en 1954 recibieron el trofeo de campeón como capitanes del equipo alemán. Lahm anhela unirse al exclusivo club, aunque su estilo de liderazgo, como el equipo que capitanea, se aleja de la tradición alemana.

Lahm creció en las divisiones juveniles del Bayern Múnich, donde tras un breve paso por el Stuttgart, se hizo un nombre en la Bundesliga.

Su debut en la selección llegó a los 20 años y pronto se hizo con el puesto de titular, en el lateral izquierdo o en el derecho. Tanto en su club como en el equipo nacional, su peso fue creciendo con los años, hasta convertirse en un hombre fuerte en el vestuario.

Sin embargo, Lahm tiene un estilo distinto de liderazgo, acorde con la nueva Alemania creada por Löw: más moderno, más colectivo, más delicado.

“Se acabó el tiempo en el que los entrenadores sólo hablan con sus jugadores para darles órdenes”, escribió el futbolista en su libro “Der feine Unterschied” (La pequeña diferencia), en la que lanzó dardos contra hombres como el holandés Louis van Gaal o el alemán Felix Magath.

“Un técnico moderno tiene que dirigir a su equipo, pero no puede obligarlo en contra de su voluntad a realizar un juego que no es el adecuado para él”, agregó Lahm, que encaja bien en la filosofía de jefes que creen en la seducción por encima de la imposición como Löw o Josep Guardiola.

“Es quizá el jugador más inteligente que he entrenado nunca. Está a otro nivel”, dijo Guardiola, técnico del Bayern.

Con 170 centímetros de altura, el capitán con cara de niño no es sólo el más bajo de la zaga, sino de toda la selección alemana. Pero el defensa compensa su desventaja física con una gran resistencia, una impecable colocación y una técnica depurada.

Cuando heredó la cinta en 2010 fue casi un acto simbólico, ya que sucedió por lesión a un Michael Ballack que entroncaba perfectamente con la tradición de capitanes recios como Matthäus, Oliver Kahn, Beckenbauer o Karl-Heinz Rummenigge.

Ballack nunca regresó a la selección de Löw, que inspirado en el juego combinativo de España emprendió una renovación del estilo clásico alemán apoyado en hombres con buen trato de balón como Bastian Schweinsteiger, Mesut Özil, Thomas Müller o el propio Lahm.

A sus 30 años, el capitán es el líder de una camada de jugadores que se enfrenta a su gran momento. “Para ser una generación de la que la gente hable en los próximos años, necesitamos títulos con el equipo nacional”, admitió Lahm antes de la Eurocopa 2012.

En Brasil, su rol en el equipo ha sido clave. Empezó el torneo en el centro del campo, donde cubrió el hueco de Sami Khedira y Schweinsteiger, quienes tras largas lesiones tardaron en alcanzar la plena forma.

A partir de cuartos, Lahm regresó al lateral derecho, donde dio orden a la defensa y profundidad ofensiva en la banda. Su reubicación coincidió con la explosión de Alemania, que en semifinales trituró 7-1 a Brasil y avanzó a la final como máximo favorito.

“Obviamente soy consciente de que puede ser mi último Mundial”, advirtió. “Pero el equipo está preparado”.

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